| EL INCIENSO Por Parsifal Del latín INCENDERE. Es tan antiguo como la propia humanidad. Cuando el hombre descubrió el fuego, al mismo tiempo nació para él el incienso. Cuando quemaba cortezas, hojas, flores, raíces y resinas, se daba cuenta de que desprendía diversos tipos de perfumes y olores. Quemar incienso ha sido utilizado por todo tipo de civilización. No se sabe cuál fue la precursora; lo que sí se sabe es que en diversas partes del mundo hay manantiales de dichos perfumes. Es un perfume asociado a la Divinidad para acompañar a las oraciones con las que se alaba a Dios y a las investiduras Reales. Cuando se logra dominar bien sus efectos se entiende cómo ciertas combinaciones alteran el estado anímico de las personas y se obtienen unos resultados asombrosos. Ya que cada fragancia tiene sus propias energías de vibración, así mismo el incienso puede ser seleccionado, de acuerdo al estado de estrés, un profundo estado de relajación, etc... No existe ningún prototipo de consumidor ya sea hombre o mujer de todas las edades para ambientar sus hogares, lugares de trabajo, veladas especiales, etc... El incienso ha tenido diversos usos, siempre fue muy costoso y además de ofrenda tenía valor de pago, de préstamo y recompensa. Al conquistar Gaza, Alejandro Magno se llevó como botín de guerra quinientos talentos de incienso y el rey persa Darío obligó a los árabes a pagar un tributo anual de la codiciada resina. En Egipto se utiliza para camuflar el olor de los muertos durante los velatorios o para embalsamar los cadáveres, como se hizo con Tutankamón. El incienso tibetano es uno de los más antiguos y naturales que existen actualmente ya que va de generación en generación, y es hecho a mano y tiene un total de 25 y hasta 35 ingredientes secretos. Hay diversas formas de obtener inciensos; una de ellas es ir a la península arábiga, donde se encuentra el llamado territorio VACÍO, el desierto de arenas más grande del mundo, donde solo anidan medanos y vientos. Aquí, a sus puertas, es donde crecen los árboles de inciensos. Son feos, bajos y decepcionan a la vista. Nada hace pensar que en su interior alberga la resina. Se provoca un corte y sale un líquido blanco que se desecha, una semana más tarde se hace otro corte en el mismo lugar y empieza a lagrimar savia, todavía de baja calidad. En el tercer corte la Boswellia ofrece el mejor de los inciensos. De un árbol puede sacarse hasta 10 k de incienso al año, y la región produce entre 6 y 7 mil toneladas anuales. Los científicos saben que el incienso actúa en un sentido refinado y de una manera misteriosa; influyen en nuestras emociones y en las profundidades de los sentidos que provocan estados elevados de conciencia. Como quiera que sea, la Madre Tierra nos proporciona estos sutiles aromas para nuestro beneficio. Debemos dar las gracias y aprovechar estas bendiciones en forma de perfumes. Gracias amada tierra. Fuente: Revista Metafísica Aditi |
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